Entrevista a Guillermo Casanova, guitarrista y voz de The Government



En esta ocasión tengo el placer de entrevistar a Guillermo Casanova, voz y guitarra de The Government, una de las bandas mas interesantes y auténticas que puedes encontrar en la capital, además es bajista de ¨Los Chicos¨, grupo que mantiene viva la llama del rock and roll desde hace más de 15 años y, por si fuera poco, además de todo este bagaje que os acabo de anunciar, es también cantante y guitarrista de ¨Los Willian Folkners¨,una maravillosa rara avis musical con sabor a bluegrass, folk y rock añejo.

Antes de nada, darte la bienvenida a Chica Sombra. Cuéntame, ¿cómo es un día normal en tu vida?

Pues como el de todo el mundo. Me levanto, me pongo a currar (desde hace unos meses en mi empresa hacemos tele-trabajo, así que ya no voy a una oficina), y cuando termina la jornada, o pierdo el tiempo viendo películas o en internet, o me pongo a leer, o tengo un ensayo, o compongo algo (que es casi lo que más me gusta hacer en esta vida). Los viernes normalmente me voy corriendo a una estación de tren/bus para irme a tocar a algún sitio. Todo esto vendría salpimentado con generosas cantidades de cerveza (después de la jornada, claro), bastante más tabaco del que debería, y comida hiper-calórica.

The Government lleva, desde hace unos años, teniendo el reconocimiento que se merece. Yo sé que no es casual, porque conozco cómo vives la música y aprecio que  hay miles horas trabajadas en un local de ensayo, además de comprar y descubrir bandas y discos en ocasiones obsoletos. Me gustaría que le indicases a nuestros lectores cómo ha sido este cruzada.

Pues ha sido, sobre todo, divertida y enriquecedora, aunque con sus altibajos. Hay que decir que The Government ha cambiado mucho desde el inicio: de entrada toco con dos tíos (Guti y David) diferentes a quienes estaban al principio (Mariano y Javi). Yo soy de la idea de que ese era el momento de cambiarnos el nombre a “El Gobierno”, pero como somos democráticos, salió que seguíamos igual.

En general compruebo en mi experiencia en grupos, más allá de The Government, que según pasamos la barrera de los 30, toda esta “cruzada” se convierte más en cotidianidad, en normalidad: todo es más fácil. Esto es lógico. Desde los 20 las prioridades de la gente cambian y, según avanza la vida, se va quedando en la música underground quien realmente siente una pasión por la composición, el instrumento, la ejecución, la carretera, los garitos, dormir en buses y trenes, la camaradería, la carga y la descarga, etc… En realidad no es diferente a lo que pasa con los que sentís pasión por la divulgación cultural, el comentario crítico de contenidos, etc.



Tus influencias, a parte de bandas como MC5, The Stooges o The Gories han sido siempre las raíces negras, donde se podría abarcar un amplio espectro como el Blues, R&B, Soul... ¿De dónde viene esta pasión por la música negra?

En mi entorno siempre ha habido música popular, ya sea a través de mi hermano o de mis tíos. Y claro, esta música era pre-eminentemente anglosajona, cuando no interpretaciones españolas de esas músicas, siempre con uno o dos pies en el Rock and Roll. Para ser sinceros, creo que no habría desarrollado un gusto por la música negra de no haber sido por el contexto que me dio la cantidad ingente de cine americano que mamé en mis años formativos. El cine generó una serie de referencias visuales y emocionales que funcionaron como pivote para encontrar de interés las músicas de los 60 y 70 anglosajones. Recuerdo con especial cariño la cinta que tenía con la banda sonora de Reservoir Dogs en una cara, y la de Pulp Fiction en otra. Aquellas canciones tenían un halo adulto, casi mitológico, y estaban envueltas del epicismo del cine.
Claro, yo venía de escuchar lo que tocaba (Green Day, Ramones, Nirvana, Sinietro Total, La Polla Records, etc…) así que mi afición al cine me educó en escuchar hacia atrás, que es algo que no he dejado de hacer. 
Desde ahí, las bandas blancas que más me gustaban (Creedence, Zeppelin, MC5, Oblivians, Dr. Feelgood) tenían siempre un elemento muy fuerte de blues y ritmanblús, así que era evidente que iba a acabar picando en esa mina a la hora de componer.

The Government es una banda comprometida políticamente. ¿Qué me puedes decir al respecto?

Personalmente, siempre he tenido una tendencia política clara hacia los postulados de la extrema izquierda. Aunque piense que la idea de que un lenguaje estético puede ser revolucionario es una auténtica quimera, si que me siento interpelado para producir un contenido alternativo al de los mass media y el 80% de la música que se nos oferta: tenemos que contar otras cosas de otra forma. Esto entronca con la propia tradición española dentro del rock y punk hecho desde los márgenes. 

La banda no se compromete con una identidad política en concreto. Personalmente, me considero deudor del marxismo crítico, claramente anti-capitalista y socialista. Creo que es importante, más en un momento como el actual (que es un claro cambio de fase en el capitalismo global que está haciendo temblar los cimientos del sistema político que el propio capitalismo estableció tras la IIGM), que nos signifiquemos. Pese a todo, procuro escribir sobre más temas aparte de política, porque la realidad material ya nos limita demasiado como para limitarnos nosotros mismos en el momento de hacer lo que dota de sentido a nuestras vidas.

¨From of the Street of Madrid Comes¨ ha sido, en mi opinión, uno de los mejores discos que se han grabado en España. También, no hace bastante tiempo que tenéis publicado otro LP ¨Vote me tender". Háblanos un poco de los dos y de sus diferencias.

(Risas) Gracias, hombre. Pues te parecerá una respuesta cliché, pero a mí me gusta más “Vote me Tender”. Y son discos diferentes por fuerza: los bajos y baterías los graba gente diferente. Aspiramos a que el proyecto sea orgánico, es decir, que el estilo lo determinen los miembros de la banda y su forma de tocar, y no al revés (que la forma de tocar lo constriña el estilo decidido previamente). Pero más allá de eso, “From Off (…)” es la primera vez que nos metimos medianamente en serio a grabar, y pese al perfecto trabajo de Astray a los mandos de la nave, para mí se nota que no tenía mucha idea de lo que estaba haciendo. “Vote me Tender” es un disco en el que ya sé más o menos lo que quiero hacer y cómo, y en el que contamos no sólo con más tiempo, sino con una producción más detallista por parte de Alex Pis, que trabajó con nosotros previamente en el local, convirtiéndose en un miembro más de la banda. Pero vamos, para gustos ya hay escritos 100 libros.



Formar parte de Los Chicos ha tenido que ser una experiencia increíble, sé que has girado en muchos sitios. ¿Cómo fue esta experiencia?

Para mí ha sido algo increíble: la primera vez que los vi en directo no había cogido un instrumento en mi vida, y me parecieron de lo mejor de España (era un enfermo de Dr. Feelgood). La primera vez que toqué con ellos fue para dos fechas en Galicia. La cosa debió de funcionar, porque me llamaron de nuevo para girar por Australia. Siendo una de las patrias del rock underground que más me flipa, era una oportunidad increíble. Finalmente me propusieron quedarme. Lo cual debo decir que es un placer: aunque sólo tocásemos en Segovia, el repertorio de Los Chicos está lleno de cancionacas divertidísimas de disfrutar en directo, tanto encima como debajo del escenario. Pero es que, además, tocamos internacionalmente (Reino Unido, Francia, Portugal, Italia, Australia dos veces), lo cual siempre da un extra de satisfacción.

Guillermo no solo es músico, también tiene otra pasión, que es el diseño y la ilustración. ¿Estas trabajando en algún proyecto?

El diseño es lo que hago para ganarme la vida, y respecto a la ilustración, siempre ando liado con algún cartel, el diseño de algún disco, etc.

En relación a este tema, como gran consumidor de cómics que eres, ¿qué piensas de la explotación cinematográfica de este género?

Si me permites, siendo que es el tema de vuestra publicación, me voy a extender, ya que lo podría comentar desde varias perspectivas. 

Como tendencia en la ficción, entiendo perfectamente cómo a una industria le puede interesar y mucho el concepto de “multiverso” construido por los cómics serializados americanos. Esto también explica que la serialización en general se haya impuesto con fuerza en la ficción audiovisual americana. 

Igual que en los cómics, si haces que las historias entre varias cabeceras conecten, compartan mundo, converjan anualmente, en lugar de vender una sola publicación, vendes muchas. Es un concepto menos artístico y más determinado por una necesidad industrial y económica: los cómics casi nunca han sido rentables como publicación, y siempre eran una división menor de un gran conglomerado editorial. Otra cosa es que se haga bien (Marvel) o mal (DC). Pero queda claro que el intento, en general en la industria americana, es extender ese concepto hasta la saciedad en otros universos que ya antes copiaron la misma idea en el mundo editorial (Star Wars. Star Trek, Tierra Media, Harry Potter). Hablamos de consumo multiplataforma que puede ser disfrutado de forma casual, simplemente viendo las películas, o de forma más profunda, leyendo los cómics, comprando los muñecos, jugando a los videojuegos, participando en foros, historiando a los personajes y autores en blogs, etc. Esto también genera una forma distinta de relaciones sociales en torno a los contenidos: el usuario más avezado irá a convenciones, se hará disfraces, generará toda una forma de relaciones sociales, de cultura, en torno al consumo de todos estos formatos. Nos quieren frikis, porque el friki consume para validar su identidad en el grupo. El usuario casual usará de guía los trabajos del usuario más profundo para ampliar la experiencia. Las historias, por tanto, ya no se quedan en la pantalla, se extienden entre formatos y plataformas de manera exponencial, y esto genera lo que busca la industria: más consumo, más allá de la entrada, las palomitas y el DVD.

Todo esto tiene también que ver con la concentración de capital creativo y material en Hollywood. Menos estudios, mayor concentración, menos diversidad de propuestas. Esto pasa también en la música: es la fase del Capitalismo en la que nos encontramos.

Disney ha conseguido, a través de compras de catálogos de licencias completos, establecerse como líder de un oligopolio de generación de contenidos. Y toda su competencia intenta emular su modelo. Rara vez consigue que la serialidad, es decir, la condición industrial de estas producciones, no determine para mal la calidad de lo producido. Esto pasaba también con los cómics: el ritmo industrial de producción unido el desarrollo tecnológico determina el resultado artístico. Por eso a finales de los noventa con los métodos de coloreado digitales los culos brillaban, y ahora en el cine tantos finales con CGI, con un rayo cayendo desde el cielo, ejércitos digitales sin alma matándose unos a otros y nuestros héroes a puñetazo limpio mirando para arriba.

Claro, está lo de la nostalgia. Pero la nostalgia es simplemente el relleno, hasta ahora estaba hablando de la estructura material.

Respecto al relleno, a la nostalgia, compruebo con preocupación (y eso que me las trago todas) cómo unos contenidos diseñados para niños de 8 a 12 años, han adquirido absoluta centralidad en el mainstream orientado a adultos. Y es un contenido que nos tragamos de forma acrítica, pese a su condición claramente cripto-fascista. En este sentido lo considero una expresión más de la decadencia de occidente: si aparece en los parlamentos, cómo no en el entretenimiento de masas. Además, muchas de ellas son películas claramente políticas: Civil War habla de la globalización, enmarcándola en el conflicto interno en EEUU entre el excepcionalismo americano, y el multilateralismo liberal resultado del pactismo propio de los Estados Westfalianos, un orden ahora en decadencia. Los Vengadores son el superpoder americano en el mundo real. También hay temas recurrentes que reflejan el espíritu de nuestra época. En Guardianes de la Galaxia 2, en Thor 3, en Pantera Negra, está la idea de superar los errores de quienes nos precedieron, interpelándonos a dejarlos atrás y seguir adelante. Un mensaje que no puede entenderse si no hay un contexto crepuscular, de cierre de ciclo, en el mundo.

Pese a todo esto, debo decir que por haber crecido leyendo tebeos, me las veo todas, aunque rara vez pago. Pagué para ver Infinity War, y recibir con estupor (y cierto deleite), un especial de verano de quiosco del 93, incomprensible para quien no haya leído los números anteriores de seis series regulares. En el cine. Con millones de dólares de presupuesto. Y ni un niño sentado en las butacas.

Los Willian Folkners son quizás mi debilidad y siento que es una de las bandas en la que mas te diviertes. Háblanos un poco de esos conciertos tan divertidos que montáis.

Los Folkners somos una banda de puro colegueo, en la que investigamos un poco más la fase pre-industrial de la música que nos mola. Arrancamos explorando el blues del Delta y de los Apalaches, aunque habiendo incluido alguna canción antigua española, ya cada vez nos ponemos menos límites. Aunque procuramos hacer de todo una suerte de “folk and roll”. La idea, en efecto, es la de un grupo de colegas que quedan para tocar juntos, y organizan una fiesta de música popular alegre y divertida, y claramente cervecera. En efecto, me lo paso en grande, porque tengo el lujazo de tocar con unos músicos increíbles, y la suerte de llamarles mis amigos. 

Para terminar, darte mil veces las gracias y hacerte una última pregunta: ¿eres feliz?

A ratos, que por suerte cada vez son más frecuentes.


Tamara López

1 comentario:

  1. Hola! No conocía ni la grupo ni al guitarrista. Gracias por la entrevista!

    Un saludo!

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