Rashomon, del relato a la pantalla grande y viceversa




Hace poco revisité Los últimos Jedi, la segunda parte de la trilogía correspondiente a las secuelas que continúan a  la saga original de Star Wars. Revisitando el fragmento del film, en el momento donde se describe la caída al lado oscuro de Ben Solo y, por extensión, de la nueva academia Jedi fundada por Luke Skywalker, contada a través de los testimonios de sus dos protagonistas, recordé que esta parte en concreto está fuertemente inspirada en Rashomon, film dirigido por el maestro Akira Kurosawa y protagonizado por una de las figuras más relevantes dentro la cultura pop y cinematográfica japonesa: Toshiro Mifune.

Rashomon es un film totalmente imprescindible dentro de la carrera del director japonés. Utilizando el recurso narrativo de los flashback, nos adentramos en una profunda y  reflexiva historia, contada desde diferentes puntos de vista, en la que se nos cuenta la historia de un asesinato, presuntamente ejecutado por un bandido (Toshiro Mifune) hacia un señor feudal donde, además, este malvado criminal también habría violado a la mujer de esta figura.

Según se va desarrollando la historia, a través de varios testigos, bajo la puerta del templo de Rashomon, que fue la mayor entrada a Kyoto, antigua capital del Japón, descubriremos que la ética y los valores que se nos presentan en ella pueden diferir notablemente, obligándonos a realizar un ejercicio introspectivo sobre el bien o el mal que caracteriza al ser humano y de cómo puede cambiar un relato en un función de quien lo narre y de su propia escala de valores personal. Por esta sucesión de elementos, la película la considero toda una obra maestra, eterna y atemporal, dentro de la historia del cine. 

Pero en esta ocasión no quiero excederme en reseñar esta magnífica obra, sino en la fuente donde se inspiró el maestro Kurosawa para realizar esta obra magna. Concretamente fueron  dos relatos escritos por Ryunosuke Akutagawa, En un Bosquecillo (Yabu no Naka, 1921) y Rashomon (1915).




Akutagawa está considerado como el padre de los cuentos contemporáneos japoneses, su obra es maravillosa y rescata parte de tradición literaria japonesa, además de sumar otras influencias procedentes de otras culturas, algo muy significativo en su trabajo y trasgresor dentro de este país tan cerrado en ocasiones hacia estas cuestiones. Este grandísimo autor siempre defendió que la literatura debería ser universal, y sus trabajos siempre han sido bien recibidos tanto por los japoneses u orientales como por los occidentales. Curiosamente, Kurosawa también fue un gran admirador de la cultura de occidente, donde no tuvo ningún reparo en mezclar sus dos estilos, algo que me hace llegar a la conclusión de que este acto no fue nada casual y, en su defecto, muy acertado.

Esta colección literaria la podemos encontrar en Rashomon y otros cuentos, una maravillosa antología donde se aglutinan diez relatos históricos, escritos entre 1914 y 1922. Respecto a su edición en español, me quedo con la de Miraguano Ediciones que, por cierto, es una editorial increíble, que recopila una buena dosis de antologías de cuentos, procedentes de muchos países y culturas, además de poseer una buena selección de libros sobre crónicas de viajes míticos e históricos y otros pasajes históricos, aunque debo reconocer también que  Satori ediciones tiene otra publicación preciosa. Decidan ustedes. 

Ryusonuke Akutagawa era una persona fascinante y fuertemente atormentada debido a la enfermedad de su madre, quien al parecer sufría psicosis, dejando su cuidado cuando era un niño a su tío, algo que le tuvo que marcar profundamente, llegando al punto de encerrarse su último año de vida en su habitación, suicidándose al ingerir un veneno, al no poder soportar sus delirios y alucinaciones. El escritor japonés convivió durante el fin del siglo XIX y principios del XX dejando una fuerte influencia dentro de la cultura japonesa, regalándonos una carrera literaria sublime y personalmente recomendable si especialmente amas la cultura nipona. 



Muchos de sus delirios y traumas los puedes localizar dentro de su obra, como por ejemplo la propia historia de Rashomon,  un relato triste, duro y deprimente, ambientado en esta mítica puerta dentro de la  época de declive de la era Heian, donde en tiempos pretéritos fue un lugar de orgullo y gloria, trasformado ahora en un lugar casi derruido y centro donde se arrojan los cadáveres no reclamados. 

La historia trata sobre un samurái despedido, quien en el momento de la narración se debate entre dejarse morir o convertirse en un ladrón, cuando se encuentra como un mendigo dentro de este recinto, algo realmente indigno en una persona de honor como él. Pero la visión paradigmática sobre la vida de este personaje va a cambiar considerablemente cuando, al subir unas escaleras, se encuentra con una anciana robando los pelos de los muertos, algo que en un principio le repugna y le lleva a decidirse por morir de inanición y elegir el camino de la justicia. Pero algo va a cambiar en la forma de pensar de este guerrero cuando esta mujer le cuente quién era esa persona, a qué se dedicaba y los motivos por los que debe realizar estos actos, una historia que calará profundamente en un alma. La historia de este cuento es corta, pero en mi opinión sencillamente desgarradora y brutal, y personalmente mejor que En un bosquecillo.

Podríamos decir que Rashomon es el alma de la película de Kurosawa, ya que el planteamiento moral se encuentra principalmente dentro de esta historia, pero el tronco narrativo lo localizaremos dentro de En un bosquecillo.

Esta historia también es conocida como En el bosque, y podríamos etiquetarla como un relato de corte criminal. En él, conoceremos una recopilación de testimonios que adquiere un investigador (casi presencial) sobre el asesinato de un samurái. Las declaraciones de cada testigo son muy asépticas, dejando al propio lector que opine y deduzca lo que en verdad ha acontecido, estilo narrativo que a mí me ha gustado mucho, donde el juego consiste en apreciar la diferencia de los hechos en función de quién los esté contando. Esto hace que esta historia difiera de las clásicas novelas detectivescas posteriores, ya que la historia en esta ocasión, en un principio, podría quedar abierta si el lector no está atento a los hechos indicados. Las confesiones son desconcertantes debido a que varios de los testigos se declararán culpables, donde alguno puede llegar a utilizar un tono burlesco y socarrón, llevando al lector aún más hacia la intriga.

Sinceramente, tanto los relatos como el film son obras muy estimulantes para cualquier amante de la cultura, ya sea universal o principalmente japonesa. Principalmente yo me quedo con el film que, por cierto, he revisitado antes de escribir este artículo, consolidando mi criterio expuesto anteriormente y el relato de Rashomon, que me parece una auténtica joya de la literatura.

Si os gustan las antologías sobre cuentos y relatos, os aliento a que adquiráis esta que os he indicado, porque estoy convencido que no os dejará indiferentes; además, el estilo literario es muy sencillo, sumando además que es una forma de narrar muy universal, creada para todo tipo de público y no solo para los lectores del país de origen de su autor. 

Me reafirmo en manifestaros lo efectivos que son los relatos cortos, ya que están bien escritos, son historias directas y llenas de ideas realmente poderosas.

Él no sabía por qué aquella vieja robaba cabellos; por consiguiente, no podía juzgar su conducta. Pero a los ojos del sirviente, despojar de las cabelleras a los muertos de Rashomon, y en una noche de tormenta como ésa, cobraba toda la apariencia de un pecado imperdonable. Naturalmente, este nuevo espectáculo le había hecho olvidar que sólo momentos antes él mismo había pensado hacerse ladrón. 
- Rashomon-


Tamara López

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