Cuéntame un cuento: `Haciendo inventario´, por Miles Palahk


Hoy estrenamos esta nueva sección semanal llamada Cuéntame un cuento, donde publicaremos relatos elegidos de entre todos los que nos lleguen con la idea de, cada año, publicar una antología con los que más gusten. ¿Os animáis? ¡Pues a qué estáis esperando! Enviad vuestros escritos, sean del género que sean, en formato Word (2-5 páginas) a webchicasombra@gmail.com

En esta ocasión el seleccionado ha sido Haciendo inventario, de Miles Palahk. ¡Adelante con él!


No es que se gane una millonada catalogando bebés, pero la paga llega para vivir sin agobios e incluso permitirse pequeños lujos. Además, no exigen estudios ni experiencia de trabajo para acceder al puesto, y el trabajo es cómodo y tranquilo.

El primer día te sientan ante una cinta transportadora y te lo explican todo mientras ves pasar bebés de todos los tamaños y colores, uno detrás de otro, dentro de sus incubadoras. Tú solo tienes que esperar a que un bebé se detenga delante de ti, tomar una muestra de su sangre con un leve pinchazo en un dedo, humedecer un bastoncillo con la sangre, y pasarlo por el lector. Este te dice todo lo que tienes que saber del bebé en cuestión para que puedas etiquetarlo. Lees sus genes y te dice, con un 97% de eficacia, cómo será su vida al completo. Entonces, tú solo tienes que tomar una etiqueta adhesiva, escribir la zona del complejo hospitalario a la que irá el bebé, y pegarla en la incubadora.
No tienes límite de tiempo para revisar la información, pero te recomiendan que seas lo más rápido posible. Te enseñan a filtrar datos y quedarte con lo esencial.

Al principio, el trabajo es: “Bebé de género y genitales femeninos de raza asiática. Heterosexual. Esperanza de vida de 97 años. Aparición de artritis a los 43 años. Muerte natural. Perfil psicológico estable. Estudiará Derecho y Magisterio. Trabajará en pequeños negocios la mayor parte de su vida. Carácter ambicioso en su juventud, sustituido por sumisión resignada a medida que crezca. Propensa a procrear. Engendrará entre 2 y 5 hijos”. Y tú sonríes al bebé, coges una etiqueta y escribes en ella “Psicopedagogía”.

Pasan los días y el supervisor se te acerca, y te dice que tienes que trabajar más rápido. Te dice que los bebés se acumulan y podrían empezar a tener hambre. Incluso podría pasarles algo peor.

Y el trabajo empieza a ser: “Bebé de género y genitales masculinos de raza árabe. Bisexual. Muerte por cáncer de colon a los 64 años. Problemas de control de ira. Estudiará Ingeniería Aeronáutica y ejercerá esa profesión. Engendrará entre 0 y 1 hijos”. Y coges una etiqueta, escribes en ella “Neuropedagogía”, la pegas en la incubadora y mandas al bebé a, con suerte, un futuro mejor.

Pero días más tarde tu supervisor vuelve a acercarse a ti. Te presiona todavía más. Hay bebés muertos en la cinta transportadora. Y ve tu cara de miedo y agobio y te recuerda que de ti depende el futuro de estos bebés, y de la sociedad en general. Te recuerda que, según tus decisiones, el futuro de esos niños y del mundo puede mejorar o empeorar. Te dice que no te agobies, pero que tienes que darte prisa.
Y el trabajo empieza a ser: Bebé de género masculino y genitales femeninos de raza africana. Homosexual. Muerte por suicidio. Depresión crónica. Delincuente. Pequeños hurtos”. Sientes compasión, coges una etiqueta y escribes “Cirugía”, esperando mejorar la vida del bebé.

Tu trabajo empieza a ser monótono, pero siguen pagando bien, y sigue siendo tranquilo. Ya no sabes casi nada de los niños y niñas que pasan ante ti, pero sigues decidiendo sobre sus vidas. Eres un dios en miniatura, y no lo disfrutas salvo que seas un jodido sádico.
Un día, la empresa reduce personal. Algo pasa fuera y ya no hay tantos niños. Piensas que podrás volver a trabajar como el primer día, pero no. Hay menos niños, pero han reducido demasiado el personal y tu supervisor te dice que tienes que ir todo lo rápido que puedas. Que te centres en el primer dato influyente que captes. Que no la cagues. Que te dijo que no te agobiaras, no que vaguearas.

Y te pasas el resto de tu vida, si no te echan antes, catalogando bebés en base a una idea aleatoria. Te preguntas cómo has llegado hasta ahí. Y mientras, lees “Político” y lo mandas a “Maternidad”. Te preguntas quién fue el cabrón que no te ayudó. Y mientras, lees “Muerte por neumonía a los 6 años” y lo mandas a “Neumología”. Te das cuenta de que podrías tener otra vida, otro trabajo. Y mientras, lees “Prostituta”, y dudas, y la mandas a “Pedagogía”. Maldices tu mala suerte y empiezas a insensibilizarte, y un día acabas tan jodido, que ya no sientes nada cuando lees “Delincuente” y lo mandas a “Crematorio”.



Chica Sombra

2 comentarios:

  1. Me ha dejado impactada este relato, es original a la vez que impactante...

    Besos

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  2. Es muy bueno, me ha dejado sin palabras.
    ¡Un saludo!

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