Entrevista especial a Javier Ortega: `El cine es un milagro cotidiano´


Hoy recibimos la visita de Javier Ortega, escritor y editor  de Berenice, sello editorial de Almuzara. Bienvenido, Javier, siéntete como en tu casa. Cuéntame, ¿cómo es un día normal en tu vida? 

Muchas gracias por la invitación, un placer estar con vosotros. Pues la verdad es que un día normal es, por lo general, un día bastante ajetreado (sonríe abiertamente). A primera hora de la mañana suelo contestar correos. A continuación, hablo con maquetadores, correctores y portadistas para ver cómo van los diferentes libros en edición en ese momento, así como con los autores, lógicamente, con los que el contacto es muy asiduo. La tarde-noche, salvo que haya alguna presentación, suelo reservarla para la lectura en sí y para anotar posibles sugerencias con vistas a mejorar o encauzar los originales. Pero la labor más importante que puede desempeñar un editor, sin lugar a dudas, es la captación de manuscritos y autores valiosos.

"Eso no estaba en mi libro de Historia del Cine" aparece en la línea "Eso no estaba en mi libro de...". ¿Cómo nace esta colección en Almuzara? ¿Cuáles son sus objetivos? 

La colección nació en uno de nuestros consejos editoriales de los lunes, una sana tradición que nos permite desbrozar las entrañas de cada proyecto e introducir posibles mejoras. No recuerdo de quién partió exactamente la idea, seguro que no de mí (se ríe), pero el objetivo era y es abordar temáticas digamos tradicionales, las que acaparaban nuestros estudios escolares (matemáticas, física, literatura…), de un modo no académico, con profusión de anécdotas y chascarrillos, aunque sin perder por ello el necesario rigor. Con el tiempo la colección ha dado abrigo también a materias que, a mi juicio desgraciadamente, no formaban parte de los planes de estudio.

El éxito de esta línea es más que evidente, no sólo por las reseñas y críticas, sino también por las ventas (precisamente, tu libro nos lo hemos leído en su segunda edición) y por la cantidad de interesantes títulos que publicáis habitualmente. ¿A qué crees que es debido tal éxito? 

La verdad es que vivimos un momento en el que los lectores tienen un afán muy acusado por conocer, por ampliar su bagaje de conocimientos. Es algo que llevamos constatando desde hace algunos años. Sin embargo, los ensayos al uso suelen pecar de envarados y densos; parecen dirigidos a menudo al que ya sabe, en lugar de tener como objetivo al profano, al lector no iniciado. Ahí estriba el éxito de la colección que, como bien dices, ha sido muy notable.

¿Cómo nació "Eso no estaba en mi libro de Historia del Cine"?

Surgió justamente en un consejo editorial. Estábamos valorando diversas materias que podrían ampliar la colección y, al mencionar alguien la opción del cine, me propusieron que me ocupara yo, dado que fui crítico hace años y había publicado ya un par de monografías. Lo cierto es que en un primer momento lo vi completamente inviable por falta material de tiempo, pero más tarde empecé a tomar algunas notas y, al cabo de unos meses (bastantes), ahí está el resultado, espero que digno.

¿Tuviste claro desde el principio qué material iba a entrar (directores, intérpretes, películas) en el libro? ¿Cómo fue todo ese proceso previo a la escritura del volumen?

Sinceramente, lo más complejo en un libro de este tipo —al menos para mí— es definir la estructura y encontrar el justo equilibrio entre ese tono divulgativo, ameno, y la necesaria precisión a la hora de abordar el tema. La lectura debe ser fácil, pero alcanzar esa facilidad, como saben todos los buenos escritores, es tremendamente difícil. Resulta mucho más sencillo escribir algo barroco y alambicado. Recuerdo numerosos viajes en tren (viajo bastante en tren) en los que estuve cavilando el enfoque mientras miraba por la ventanilla, hasta que me decidí por el que hoy tiene el libro.

¿Te has dejado algo fuera que hoy, si pudieras volver atrás, meterías sí o sí? 

Era inevitable dejar fuera muchos nombres y películas relevantes. No es algo que me agrade, como es lógico, pero lo tenía asumido desde antes de iniciar la escritura. El cine ha sido extraordinariamente pródigo en obras maestras en su primer siglo de vida y mencionarlas todas era una entelequia, habría deparado un libro de mil páginas.

A pesar de que el propio contenido del libro lo hace complicado... ¿Ves posible una segunda parte?

Me la han sugerido varias veces, lo que me anima sobremanera porque es la mejor señal de que el libro ha gustado, pero, suponiendo que la escriba algún día, me temo que no será en breve. La edición requiere mucho tiempo si quieres estar a la altura y tengo claro que es, al menos en esta etapa de mi vida, mi principal cometido, donde más puedo aportar.

Este no es tu primer libro sobre cine. En realidad, has ejercido como crítico de cine y tu bibliografía navega continuamente alrededor del tema. ¿Qué es para ti el cine?

El cine es un milagro cotidiano. Somos realmente afortunados por ser coetáneos de esta invención maravillosa, que nos ha permitido conocer la idiosincrasia de otras gentes, vivir historias que de otro modo nos serían ajenas, ver lugares remotos con extraordinaria viveza… Nuestra formación sentimental e intelectual es mucho más rica gracias al cine.



¿Género favorito? ¿Recuerdas la primera película que viste en el cine? ¿Cuál es el filme que más veces has disfrutado?

No tengo un género favorito, con franqueza. En todos ellos he encontrado películas que me gustaban enormemente, ya fueran comedias, melodramas, musicales… Creo que lo determinante es el talento del director, cómo te cuenta la historia. Por simplificar, ocurre lo mismo que cuando alguien te cuenta un chiste: depende de quién y cómo te lo cuente puedes reír a carcajadas o quedarte impávido. Los grandes directores saben cómo contar un chiste, son grandes narradores.

La primera película que recuerdo haber visto, en el desaparecido cine Albéniz de Córdoba, fue Con la muerte en los talones, de Hitchcock. Con un  inicio así, el cine tenía que ocupar por fuerza un lugar de privilegio en mi vida (sonríe de nuevo). Sin embargo, apostaría a que la película que más veces he visto es Centauros del desierto, de Ford, quizá junto a Tiburón, de Spielberg.

Eres uno de los editores de Almuzara, más concretamente el director de la Editorial Berenice. ¿Cómo se lleva eso de ser editor y escritor al mismo tiempo? ¿Crees que te da una visión más global de lo que es el proceso de edición de un libro? 

Absolutamente. La mentalidad de editor es tremendamente beneficiosa para cualquier escritor. De hecho, los grandes autores suelen distinguirse precisamente por tener ese rasgo: son capaces de deshacerse de aquello que no es esencial sin aspavientos, con plena tranquilidad, en tanto el autor más novicio suele encapricharse de todo lo que escribe e incurre a menudo en el exceso, en la autocomplacencia. Un editor externo puede ayudarle en ese sentido. Le ayudará a separar el grano de la paja. 

¿Hay mucha diferencia entre el Javier Ortega escritor y el Javier Ortega editor? 

Creo que no, que ambos son la misma persona. La experiencia, que ya va siendo dilatada, me ha llevado a interiorizar las reglas de la edición de tal modo que el escritor es indisociable del editor. Ahora bien, el oficio de editor conlleva decir que no a proyectos en los que alguien ha depositado mucha ilusión y mucho tiempo. Esa es una pesada carga que el Javier Ortega escritor no debe afrontar, por lo que su rol es más cómodo.

¿Puedes darnos algún detalle sobre tus próximos proyectos como escritor? 

Hay un proyecto que ojalá cristalice junto a Fernando Alberca, alguien a quien admiro, uno de nuestros autores más celebrados. Tendrá que ver con el cine y con la educación, donde él es un verdadero referente en nuestro país. Aún llevará algún tiempo, pero confío en que finalmente verá la luz.

Para terminar, darte mil veces las gracias y hacerte una última pregunta: ¿eres feliz?

Rotundamente sí. ¡Cómo podría no serlo! Escribir y editar son dos oficios muy exigentes en ciertos momentos —quien los ha probado lo sabe— pero te permiten alumbrar obras que enriquecerán y harán disfrutar a quienes las lean, ensanchar nuestra visión del mundo y contribuir al progreso de nuestra sociedad. No se me ocurre mayor privilegio.


Lo que piensan de él:

LUIS ALBERTO DE CUENCA


“El príncipe de los editores”.


AMELIA NOGUERA


“Javier ama la literatura y eso se nota en cada uno de sus libros. Además, trata al autor con seriedad y respeto mayúsculos, y, sobre todo, le apasiona su trabajo. Y todo ello te lo transmite siempre con una educación y unos modos exquisitos. He aprendido de todos mis editores, pero con él he crecido como autora”.


EN DOS PREGUNTAS:

1) Háblanos brevemente de tu relación con Javier Ortega como editor. Qué ha supuesto para ti y para tu obra literaria. 

2) ¿Consideras que la figura del editor aporta sustancialmente al autor en la gestación de su obra, o es irrelevante? ¿Ha sido positivo para tu trayectoria contar con su colaboración?


ALEJANDRO LÓPEZ ANDRADA: 


1) “A cualquier escritor lo mejor que puede ocurrirle es dar con un editor que le apoye y crea en su obra. Con Javier Ortega, tras haber publicado novela, ensayo y poesía con él, me ha ocurrido eso. He dado con un editor sensible y culto, amable y sencillo, que conecta con mi obra literaria y sabe valorarla y prestigiarla con su inquebrantable apoyo. Trabajar con él es una alegría, pues lee con suma atención todo lo que escribo y mima mis libros desde el momento en que los lee hasta el día en que ven la luz. Aconseja y corrige, tiende la mano siempre, supervisa todo lo que uno escribe con morosidad y afecto, aportando ideas que ayudan a engrandecer lo que haces. Qué más se le puede pedir a un editor. Un tanto por ciento enorme de lo que soy como escritor se lo debo a él”. 

2) “Un editor debe ser para un escritor, además de amigo de confianza, una especie de maestro, hermano mayor o, incluso, padre que se desvive apoyando todo lo que escribe. Su trabajo es cuidar, dirigir y ayudar al autor durante la gestación de su obra y, una vez ha sido escrita, sacarla a la luz y darle la máxima difusión. Un novelista o un poeta sin un buen editor que lo respalde muy poco puede hacer. En mi caso, haber contado con el apoyo y el afecto de un gran editor como es Javier Ortega ha supuesto centrarme más que nunca en mi obra y creer en lo que escribo, pues siempre ha estado ahí, supervisando cada línea y cada página de todos los libros que he editado, o reeditado, con él. A su lado he adquirido no solo más prestigio como escritor, sino una mayor proyección a nivel nacional”.


ZOE VALDÉS:


1) “Javier Ortega es un editor muy atento al texto y al autor, mi relación con él es magnífica porque conmigo siempre acierta. Ha supuesto un salto importante desde el punto de vista de recomposición de mi obra, de un nuevo paso hacia mayor libertad y mejores búsquedas. Es un escritor, y lo entiende todo desde el inicio”.

2) “He visto de todo en mi carrera: un editor a veces es alguien como Javier Ortega, y otras puede ser una decepción. Yo en verdad no he tenido numerosas malas decepciones, casi siempre he tenido muy buenos editores. Un editor culto es una bendición, y Javier lo es. A veces perdiendo se gana, yo he perdido dinero, pero he ganado amistades literarias profundas”.


JOAQUÍN PÉREZ AZAÚSTRE:


1) “Javier Ortega es un gran editor. Es un placer trabajar con él por su estilo sutil, elegante y efectivo de entablar una relación con los textos de sus autores. En mi caso, se trataba de una novela premiada con el Premio Albert Jovell, Atocha 55, sobre el asesinato de los abogados laboralistas en 1977. La novela ya se iba a publicar, sí o sí. Sin embargo, sus observaciones me hicieron replantearme varias cosas. No hubo imposición, sino unos razonamientos que, sin resultar, ni siquiera remotamente, invasivos, fueron convincentes y me hicieron replantearme un par de tramas secundarias que quitaban fuerza al tronco de la historia. Seguramente se podría haber publicado como estaba y habría funcionado como narración. Pero con estas variaciones no sólo mejoró mucho el artefacto novelesco en sí, sino que esas argumentaciones se quedaron dentro de mi caja de herramientas de escritor. Lo que aprendemos de una novela a la siguiente depende, en gran medida, de las lecturas que recibimos. Me siento afortunado de que una de las lecturas principales que recibo, que me hace crecer como escritor, sea la de Javier Ortega”.

2) “Por supuesto. Siempre me han gustado las analogías con la práctica del deporte. El editor es algo parecido a tu entrenador. Para ayudar, verdaderamente, a que tus resultados sean óptimos, debe conocerte bien, tanto en tus mayores virtudes como en tus zonas más vulnerables. Sin renunciar a las primeras -que a veces hay que controlar, o matizar, porque lo importante es el resultado final, no la ostentación de ninguna capacidad-, también hay que potenciar la mejora de las segundas. Además hay otros factores que pueden influir: tu estado anímico, vital, mientras estás escribiendo. Todo eso hay que sacarlo fuera al escribir, pero todos sabemos que de alguna manera sigue estando dentro. Creo que Javier Ortega se acerca mucho a lo que yo entiendo por el editor perfecto, porque conoce mis potencias y mis debilidades, y, en ese equilibrio entre unas y otras, los dos buscamos el mismo resultado: la mejor novela que yo pueda escribir y entregarle para que la publique”.




Tony Jiménez

5 comentarios:

  1. ¡Hola! ¡Pero qué entrada tan completa! Me ha resultado muy interesante su punto de vista. Un besote :)

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  2. Gracias, Tony, por esta entrevista. Conozco a Javier y es una persona muy maja, aunque no he tenido el placer de leer su libro. Besos

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  3. Hola, muchas gracias por la entrevista, ha sido muy interesante.
    Besos desde Promesas de Amor, nos leemos.

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  4. Una gran entrevista. Gracias por acercarme a este autor, que no conocía.
    Besotes!!!

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