Este dolor sin palabras, o cómo no olvidar

 


4,99€ – 17,90€ IVA incluido
Título: Este dolor sin palabras
Autora: Sofía Guardiola Villaverde

Sinopsis:

En Este dolor sin palabras, Sofía Guardiola Villaverde nos presenta unas memorias inspiradas por la muerte de su amiga Cande a los 23 años, a causa de un cáncer. Hablando desde su dolor, nos narra la incredulidad ante un hecho inimaginable y recuerda momentos —felices, cotidianos, duros— con su amiga, pero también habla del proceso personal de duelo, de cómo tuvo que enfrentarse a una ausencia prematura que le dejó una enorme sensación de injusticia.

Estas vivencias íntimas se complementan con textos relacionados con la pérdida que ha leído tras su dura experiencia. Sofía reflexiona sobre estas obras, escritas por autoras de renombre como Patti Smith o Rosa Montero, estableciendo un diálogo fruto de haber atravesado un proceso similar. Además, a lo largo del libro aparecen numerosas referencias no solo literarias, sino también artísticas, lo que hace de Este dolor sin palabras una interesante propuesta sobre una experiencia íntima pero a la vez universal como es el duelo.

Un libro sobre la amistad, los golpes inesperados de la vida y el poder del arte como elemento para tratar de asimilar un dolor que nos supera.



Opinión personal de Santy Portela:

Hola y bienvenidos a Chica Sombra.
Me alegra estar de nuevo por aquí. Hoy quería hablaros de las impresiones que me ha causado mi última lectura, Este dolor sin palabras de Sofía Guardiola y editado por Viento Norte.
No es ninguna colaboración con la autora o la editora, simplemente he querido venir aquí y contaros lo que me ha removido este ensayo.

Antes de entrar en materia, os voy a dejar aquí la sinopsis del libro para que os hagáis una idea:

En Este dolor sin palabras Sofía Guardiola Villaverde nos presenta unas memorias inspiradas por la muerte de su amiga Cande a los 23 años, a causa de un cáncer. Hablando desde su dolor, nos narra la incredulidad ante un hecho inimaginable y recuerda momentos —felices, cotidianos, duros— con su amiga, pero también habla del proceso personal de duelo, de cómo tuvo que enfrentarse a una ausencia prematura que le dejó una enorme sensación de injusticia. Estas vivencias íntimas se complementan con textos relacionados con la pérdida que ha leído tras su dura experiencia. Sofía reflexiona sobre estas obras, escritas por autoras de renombre como Patti Smith o Rosa Montero, estableciendo un diálogo fruto de haber atravesado un proceso similar. Además, a lo largo del libro aparecen numerosas referencias no solo literarias, sino también artísticas, lo que hace de Este dolor sin palabras una interesante propuesta sobre una experiencia íntima pero a la vez universal como es el duelo. Un libro sobre la amistad, los golpes inesperados de la vida y el poder del arte como elemento para tratar de asimilar un dolor que nos supera.

Como podréis comprobar, no resulta una lectura sencilla, así se lo dije yo mismo a Sofía cuando comencé. Pero que una lectura no sea sencilla no quiere decir que no te vaya a encantar, enamorar u obsesionar. Eso es lo que me ha sucedido a mí con Este dolor sin palabras.
Espero que me permitáis desbarrar hoy un poco con esta reseña y os hable desde un tono algo más personal.

Todo el mundo ha sufrido la pérdida de alguien querida y amada. Es parte de la naturaleza. ¿Doloroso? Por supuesto, pero natural. La gente muere. Y, como afirma Sofía, en nuestra sociedad actual la muerte está dotada, o la hemos dotado más bien, de un carácter antinatura que poco o nada tiene que ver con la realidad.

Es cierto que no todas las pérdidas son o se sienten igual. Yo, por ejemplo, no conocí a ninguna de mis abuelas o abuelos, así que sus muertes no las siento como un fuego que me quema por dentro. Por desgracia, sí lo siento con otra gente que se ha ido de mi vida. Algunas más lejanas en el tiempo y otras más cercanas.

Muchas cosas me han impactado de este ensayo. Lo primero de todo, la necesidad de Sofía de recordar a su amiga Cande, no sólo con este libro, sino con otras muchas acciones, pensamientos o pequeños homenajes que tienen un poso y un peso brutal. Me he sentido muy identificado y he recordado mis propios tributos a mis seres queridos. Hace relativamente pocos años, un amigo muy querido se suicidó. Y, como le sucede a Sofía con Cande, sentí un amalgama de emociones que ignoraba cómo enfrentarme a ellas. Aún recuerdo la llamada de mi amiga Sonia, la incredulidad inicial, la rabia, el dolor. Recuerdo cómo nos juntamos todas para ir al sepelio, como llorábamos en la entrada del tanatorio, y cómo rememoramos después, frente a unas cervezas, momentos y situaciones con Dani. En mi poemario Soplos ahogan fuegos le dediqué un poema, mi pequeño homenaje a él, a cómo influyó en mi vida y cómo me marcó, a que su recuerdo, al menos para mí, continuará fresco en la memoria.

Con Dani me sucede algo que también cuenta Sofía en el libro, y es que, en ocasiones, me cruzo por la calle con alguien que me recuerdo a él: su físico, su pelo, sus ojos; incluso su manera de moverse y caminar. Pero una barbaridad. Hasta el punto de llevarme a la duda. Luego agito la cabeza y me digo que no puede ser.
Han pasado ya unos años desde que Dani falleció, pero todavía hoy me acuerdo con cariño de nuestras charlas en el campo de la cebada, de nuestros cigarros a deshoras, de la vez que él y Bei me invitaron a su nuevo apartamento, que acababan de alquilar, y me contaron que estaba lleno de chinches y que se iban a pirar de allí en cuanto recuperaran la fianza. Y otras cosas que el paso del tiempo ha emborronado en mi cabeza.

Este libro también me ha enfrentado a otra pérdida muy personal, muy dura y de la que ya han pasado casi veinte años. Cuando yo tenía ocho añitos, mi madre falleció de cáncer. Mientras leía Este dolor sin palabras no pude sino decirme: «¡Ok! A Dani, más mal que bien, le recuerdo. Pero a mamá…». Yo era un niño y entonces no supe enfrentarme a esa pérdida. Y dudo que alguna vez pueda. Porque el dolor no desaparece: cuando menos te lo esperas te encuentras aterido por emociones que no sabes de dónde han surgido. ¿Por qué ahora me pongo a pensar en ella? ¿Por qué sufro una pesadilla con ella esta noche? ¿Por qué la siento en este momento tan cerca? Mil cosas. La cuestión con mi madre es que llevo toda mi vida intentando no borrarla de mi memoria y eso es difícil cuando ha pasado tanto tiempo, y no tengo apenas nada a lo que asirme ya que apenas recuerdo nada de ella, salvo alguna fotografía y los pocos recuerdos que aún batean en mi mente y que no sé cuánto tienen de imaginado.

Una de mis obras más personales trata sobre ella. La obra que me hizo tomarme una pausa en la escritura teatral. Una pausa que se extiende ya por cinco años. Tu voz era y es mi homenaje a ella. Tuve la suerte de no sólo escribirla, sino que también pude representarla. Y, aunque fueron pocas funciones, después de cada una de ellas lloraba como una magdalena en el cuarto de luces mientras manejaba la playlist de la obra. Sinceramente, para mí Tu voz es la obra con la que más he conectado nunca.
Espero que me perdonéis la diatriba de hoy.

Quiero acabar dándole las gracias a Sofía. Porque gracias a ella y a su Este dolor sin palabras he vuelto a recordar a esa gente que ya no está, pero que sigue habitando dentro de mí. Y la he recordado con todo el amor que siempre he sentido por ellas. Y ese es el mejor homenaje.
Si podéis, os recomiendo fehacientemente este libro. No es una lectura sencilla, pero tampoco farragosa. Es, sencillamente, una hermosa y preciosísima manera de que Cande siga siendo eterna.




Chica Sombra

1 comentario:

  1. Tiene que ser una lectura dolorosa. Tomo nota, aunque tendré que escoger bien el momento.
    Besotes!!!

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